Prólogo (Los Aliados de la Humanidad 1)

Es ya bastante infrecuente encontrar un libro que cambie la propia vida, pero es mucho más extraordinario encontrar un trabajo que tenga el potencial de impactar en la historia humana.

Hace casi cuarenta años, antes de que hubiese un movimiento medioambiental, una mujer valiente escribió un libro extremadamente provocativo y controvertido que cambió el curso de la historia. Primavera Silenciosa, de Rachel Carson, engendró una conciencia global de los peligros de la polución medioambiental y despertó una respuesta activista que aún perdura hoy día. Al estar entre las primeras personas que declararon públicamente que el uso de pesticidas y toxinas químicas era una amenaza para todas las formas de vida, Carson fue al principio ridiculizada y vilipendiada, incluso por muchos de sus colegas, pero al final acabó siendo considerada una de las voces más importantes del siglo XX. Primavera Silenciosa aún se considera la piedra angular del movimiento medioambientalista.

En la actualidad, antes de que exista una consciencia pública extendida sobre la presente incursión extraterrestre entre nosotros, un hombre igualmente valiente –un maestro espiritual previamente oculto–sale a la luz portando un comunicado extraordinario y perturbador que viene de más allá de nuestra esfera planetaria. Con Los Aliados de la Humanidad, Marshall Vian Summers se presenta como el primer líder espiritual de nuestro tiempo que declara inequívocamente que la presencia no deseada de nuestros “visitantes” extraterrestres y sus acciones clandestinas constituyen una profunda amenaza para la libertad humana.

Mientras que al principio, como Carson, Summers encontrará seguramente burla y menosprecio, es posible que finalmente se le reconozca como una de las voces más importantes del mundo en los campos de la inteligencia extraterrestre, la espiritualidad humana y la evolución de la consciencia. De igual manera, el libro Los Aliados de la Humanidad puede demostrar ser fundamental para asegurar el futuro mismo de nuestra especie –no solo despertándonos a los profundos desafíos de una invasión alienígena silenciosa, sino también alumbrando un movimiento de resistencia y empoderamiento sin precedentes.

Aunque las circunstancias del origen de este material tan controvertido pueden ser problemáticas para algunos, la perspectiva que representa y el mensaje urgente que transmite demandan nuestra más profunda consideración y una respuesta decidida. Aquí se nos enfrenta de forma muy plausible con la aseveración de que la creciente aparición de ovnis y otros fenómenos relacionados son sintomáticos nada menos que de una intervención sutil –y hasta el momento sin oposición– de fuerzas extraterrestres que buscan explotar los recursos de la Tierra enteramente en su propio beneficio.

¿Cómo responder de forma apropiada a una afirmación tan perturbadora y chocante? ¿La ignoraremos o la descartaremos sin más, como hicieron muchos de los detractores de Carson? ¿O la investigaremos y trataremos de entender exactamente lo que aquí se nos ofrece?

Si elegimos investigar y comprender encontraremos lo siguiente: un riguroso análisis de la investigación global de las últimas décadas sobre la actividad ovni y otros fenómenos aparentemente extraterrestres (por ejemplo la abducción y los implantes extraterrestres, las mutilaciones de animales e incluso la “posesión” psicológica) aporta una amplia evidencia a la perspectiva de los Aliados; en efecto, la información contenida en los discursos de los Aliados clarifica asombrosamente asuntos que han dejado perplejos a los investigadores durante años, dando explicación a muchas evidencias misteriosas pero persistentes.

Una vez hemos investigado estos asuntos y aceptamos que el mensaje de los Aliados no solo es plausible sino convincente, ¿entonces qué? Nuestras consideraciones conducirán sin remedio a la conclusión de que nuestra difícil circunstancia actual tiene profundos paralelismos con la incursión de la “civilización” europea en las Américas a partir del siglo XV, durante la cual las poblaciones indígenas fueron incapaces de comprender y responder adecuadamente a la complejidad y el peligro de las fuerzas que visitaban sus orillas. Los “visitantes” vinieron en nombre de Dios, exhibiendo impresionante tecnología y pretendiendo ofrecer una forma de vida más avanzada y civilizada. (Es importante señalar que los invasores europeos no eran el “mal encarnado”, sino meramente oportunistas, dejando tras de sí un legado de devastación involuntaria).

El punto es este: la violación radical y a gran escala de las libertades fundamentales que los nativos Americanos experimentaron a continuación –incluyendo la rápida aniquilación de su población– no es solo una monumental tragedia humana, sino también una poderosa lección para nuestra situación actual. Esta vez, todos nosotros somos la gente nativa de este mundo, y a menos que podamos generar colectivamente una respuesta más creativa y unificada, puede que suframos un destino similar. Esta es precisamente la comprensión que provocan Los Aliados de la Humanidad.

Aun así, este es un libro que puede cambiar vidas, pues activa una profunda llamada interna que nos recuerda nuestro propósito para estar vivos en este momento de la historia humana, y nos pone cara a cara con nada menos que nuestro destino. Aquí nos enfrentamos a la comprensión más incómoda de todas: el futuro mismo de la humanidad puede depender de cómo respondamos a este mensaje.

Aunque los Discursos de Los Aliados de la Humanidad suponen una seria recomendación de precaución, no hay en ellos incitación al miedo o al catastrofismo. En su lugar, el mensaje ofrece una esperanza extraordinaria sobre lo que ahora es una situación extremadamente difícil y peligrosa. La intención obvia es preservar y empoderar la libertad humana, así como catalizar una respuesta personal y colectiva frente a la intervención extraterrestre.

De forma apropiada, la mencionada Rachel Carson identificó proféticamente en cierto momento el problema mismo que obstaculiza nuestra habilidad de responder a la crisis actual: “Todavía no hemos madurado suficientemente”, dijo, “para pensar en nosotros mismos como si solo fuéramos una parte muy pequeña de un universo vasto e increíble”. Es evidente que hace mucho que necesitamos una nueva comprensión de nosotros mismos, de nuestro lugar en el cosmos y de la vida en la Comunidad Mayor –el mayor universo físico y espiritual al que ahora estamos emergiendo–. Por fortuna, Los Aliados de la Humanidad sirve de puerta de acceso a un cuerpo de enseñanzas y prácticas espirituales sorprendentemente sustancial, que promete inculcar la madurez que la especie humana necesita con una perspectiva que no es terrestre ni antropocéntrica, sino enraizada en tradiciones más antiguas, más profundas y más universales.

En última instancia, el mensaje de Los Aliados de la Humanidad desafía casi todas nuestras nociones fundamentales sobre la realidad, dándonos a la vez nuestra mayor oportunidad para el avance y nuestro mayor desafío para la supervivencia. Aunque la crisis actual amenaza nuestra autodeterminación como especie, ella también puede proveernos una fundación muy necesaria sobre la que traer unidad a la raza humana –algo casi imposible sin este contexto mayor–. Con la perspectiva ofrecida en Los Aliados de la Humanidad y en el cuerpo mayor de enseñanzas que Summers representa, recibimos tanto el imperativo como la inspiración para unirnos en una comprensión más profunda, de modo que podamos servir a la evolución futura de la humanidad.

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En su reportaje para la crítica de las 100 voces más influyentes del siglo XX de la revista Time, Peter Mattheisen escribió de Rachel Carson: “Antes de que hubiera un movimiento medioambientalista, hubo una mujer valiente y su muy valiente libro”. Dentro de algunos años, puede que podamos decir algo similar de Marshall Vian Summers: antes de que hubiera un movimiento de liberación humana para resistir la Intervención extraterrestre, hubo un hombre valiente y su muy valiente mensaje, Los Aliados de la Humanidad. Ojalá que en esta ocasión nuestra respuesta pueda ser más rápida, más decidida y más conjunta.

Michael Brownlee, periodista.

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