La Lámpara

Traducción del texto “The Lamp”, tal y como le fue revelado al Mensajero Marshall Vian Summers el 16 de febrero de 2014 en Boulder, Colorado, Estados Unidos.

Sin duda llevas una Lámpara dentro de ti, una Lámpara que siempre está ardiendo, siempre encendida, siempre brillante, pues nada en este mundo puede extinguirla —una Lámpara, pura, siempre ardiendo, siempre encendida—. Estaba encendida dentro de ti antes de que vinieras a este mundo. Estará encendida cuando lo hayas dejado. Es la luz de la vida en ti que Dios te ha dado para tenerla por siempre.

En esta vida temporal, en esta visita a la Tierra, la Lámpara está en lo profundo de ti —olvidada, cubierta por un velo, de modo que cuando cierras tus ojos dentro está oscuro, como si no hubiera nada allí para iluminar tu vida interior—. Pero el Fuego sigue ardiendo dentro de ti aunque tú todavía no lo sientes ni lo reconoces suficientemente. El Fuego está en ti porque estás vivo.

¿De dónde viene esto, este estar vivo, este Fuego? Si solo fuera el fuego de tu cuerpo, cesaría cuando tu vida acabara, pero este Fuego no cesa. No se extingue con la pérdida del cuerpo, porque cuando dejas este mundo es como despertar de un sueño muy largo, y tú vuelves con aquellos que te enviaron. Y sabes que has estado en alguna parte, y tienes ciertos recuerdos, pero el lugar al que retornarás es muy familiar, mucho más familiar que cualquier cosa que puedas recordar aquí en la Tierra.

Porque la Lámpara está contigo. Su evidencia es que estás vivo. Su evidencia es que estás conectado a algo mucho mayor de lo que tus sentidos pueden reportar. Su evidencia es que en lo profundo de ti, tú estás aquí para un mayor propósito. Si tu vida aquí en este mundo fuera temporal, entonces no habría un mayor propósito. Tu único propósito sería sobrevivir, estar confortable y cumplir ciertos deseos y necesidades. Pero este es un tipo diferente de propósito, iniciado antes de que vinieras al mundo y que será revisado cuando te vayas, pues ese es realmente el único Día del Juicio. No hay condenación. Es solo una clarificación de si has cumplido suficientemente tu misión aquí en la Tierra. No hay infierno ni damnación o castigo. Pero hay una perfecta comprensión de lo que fue logrado y lo que no.

Tu mayor propósito, entonces, solo puede ser real si fue iniciado desde más allá del mundo y si puede ser revisado más allá del mundo. Tú no puedes revisarlo. Estás en medio de él. Es como estar en mitad del océano. Bien, tú estás lidiando con todo a tu alrededor. No has alcanzado la otra orilla. Estás flotando a la deriva.

La única certeza que tienes en la vida es la Lámpara. Es la única cosa firme, resuelta e inalterable dentro de ti. No la puedes convertir a tus deseos o a tus planes. No puedes usarla para enriquecerte. No puedes usarla para hacer milagros o trucos para impresionar a otros. Está más allá de tu alcance en este aspecto. Es la Lámpara la que debe guiarte, pues tú no puedes guiarla. Es la Lámpara la que debe dirigirte, porque tú no puedes dirigirla. Es la Lámpara la que debe redimirte, pues tú no puedes redimirte a ti mismo.

Dentro de esta Lámpara está el Fuego del Conocimiento —la mente más profunda, la parte de ti que nunca ha dejado a Dios y que está todavía conectada a la Creación más allá del espectro visible—. Seas religioso o no, seas creyente o no, esto solo determina si serás capaz de reconocer el poder que vive dentro de ti y de seguir este poder, de permitir que reforme tu vida y tus prioridades, de permitir que te libere de las sombras y las ataduras del pasado, de permitir que abra ante ti un camino hacia una nueva vida.

Solo aquí comienzas a ver que quien eres no es tu mente o tu intelecto, y que tus ideas o bien te sirven o bien no te sirven, pues son un medio para un mayor fin. Aquí ves que quien eres es algo mucho más profundo, más poderoso, más auténtico y más puro.

Las personas están viviendo en sus pensamientos porque están viviendo en separación, ¿pues cómo si no puedes no sentir la Lámpara? ¿Cómo puedes estar divorciado de esto en apariencia? ¿Cómo puede ser que estés separado de ti mismo, viviendo en tu mente, tus pensamientos, tus planes, tus recuerdos, tus deseos, tus fantasías, tus proyecciones —todo consumiéndote cada minuto del día mientras estás tan ocupado y atrapado que no tienes ni un momento para reflexionar?

La Lámpara está esperando, como ves, esperando a que vayas a ella, no con demandas, ardides o planes, sino con una necesidad pura de ella y el reconocimiento de que no puedes realizarte a ti mismo, no importa lo que adquieras o la ventaja que puedas ser capaz de conseguir. La Lámpara está simplemente esperando.

Puedes rezar a Dios por muchas cosas —siempre preguntando, siempre queriendo, siempre necesitando—, pero Dios te ha dado ya todo, realmente. Dios te ha dado la Lámpara. Es la Lámpara la que te dirigirá, la que te retendrá ante cosas que no serán saludables para ti o impedirán tu progreso. Es la Lámpara lo que llamará a ciertas personas a ti y te apartará de otros. Es la Lámpara lo que te mostrará el verdadero significado del amor, del compromiso, de las relaciones y de la devoción. Solo la Lámpara puede hacer esto. En comparación, tus creencias e incluso tus valores aparentemente más altos, no son sino meras sombras, porque el verdadero poder de revelación está dentro de ti, pues Dios lo puso allí.

Solo puedes postergarlo. Solo puedes evitarlo. Solo puedes perderte en el mundo con tus interminables planes para satisfacerte, pero aquello que verdaderamente podría restaurarte y redimirte está esperando a que vayas a su encuentro con humildad, paciencia y determinación.

La Lámpara es el símbolo de la esperanza y la promesa. Es el símbolo de la naturaleza perpetua de Dios. Incluso representa cosas que la gente puede adorar como símbolo o ídolo. Pero su verdadero significado y eficacia reside dentro de ti, pues la Lámpara no es algún objeto que puedas alabar o adorar. No es un objeto religioso, reclamado por una única fe. Es la Lámpara que vive dentro de cada persona, esperando a que venga, esperando a que retorne, esperando a que la persona busque aquello que es lo único que puede restaurarla y darle poder, humildad y compasión.

El mundo está en llamas. Está ardiendo cada vez más con cada día que pasa. Las Grandes Olas de cambio están llegando ahora, golpeando aquí y allí, y por allí, y por allí, y otra vez, y otra vez. Son implacables, pero es solo el principio de un gran cambio. Las personas estarán abrumadas. Estarán en la negación. Escaparán. Pretenderán. Surgirá toda clase de necedad. Afirmarán que todo puede resolverse con cosas simples —con la tecnología o con alguna otra fuerza—. Ellas aún no tienen el coraje para enfrentar lo que está viniendo, porque no tienen la Lámpara.

Sin la Lámpara, tu coraje es necio, si es que existe. Puedes pensar que coraje es tirar tu vida por algún objetivo político o por alguna noble causa que es destructiva en su naturaleza. Pero el verdadero coraje es mirar y ver lo que sea que esté viniendo, y es la Lámpara lo que te da esta fuerza. Aquí esperas a que el entendimiento se construya en vez de afirmarlo por ti mismo —construido sobre suposiciones débiles y nociones necias que en realidad nunca han sido examinadas.

Sin la Lámpara, las personas son débiles. Son necias. Son simplistas. Se aferran a ciertas ideas porque no tienen todavía la fuerza, el coraje o la fortaleza para enfrentar algo realmente grande e importante que barrerá el mundo entero y que cambiará vuestro mundo y está cambiándolo incluso en este mismo momento.

La humanidad encara una intervención de razas del universo, que están aquí para aprovecharse de la debilidad, las expectativas y el conflicto humanos. Pero sin la Lámpara, tampoco podréis enfrentar esto. Pretenderéis que no está ocurriendo, o si no podéis seguir pretendiendo al respecto, pretenderéis que es todo para bien, que el universo está particularmente interesado en el bienestar humano. Pretenderéis aquí y allí, porque no tenéis todavía la fuerza para enfrentar esto, el otro gran evento que está ocurriendo en el mundo, que reconfigurará el futuro de la humanidad y está haciéndolo incluso en este mismo momento.

Sin la Lámpara, es difícil incluso decir la verdad sobre tu propia vida y tus circunstancias y considerar si estás viviendo la vida que realmente debías vivir. La respuesta a esto vive dentro de ti en este momento, pero ¿quién tiene el coraje para considerarlo, para encararlo y para permanecer con ello hasta que un camino pueda abrirse, un camino de resolución?

No puedes reclamar la Lámpara y usarla para beneficiarte a ti mismo, porque ella es mayor de lo que tú eres, mayor que quién piensas que eres y mayor que todo aquello en lo que has invertido en la vida, mayor que cualquier cosa que hayas adquirido para ti mismo. Solo puedes venir a ella con un ruego honesto. Aquí debes estar dispuesto a recibir su consejo y seguir su recomendación, la cual en este momento te resulta todavía desconocida. Es esta humildad y esta disposición lo que manda un mensaje al Cielo de que estás listo para comenzar el retorno. Ahora estás listo para comenzar la aproximación a una nueva vida y para cruzar el puente que tendrás que recorrer, paso a paso, para alcanzar esta nueva vida, para vivir en ella con éxito.

En este momento, puedes incluso imaginar que hay una lámpara ardiendo dentro de ti, y es saludable para ti que lo hagas. No es algo que puedas asociar con otras cosas, otras religiones, otras ideas, porque es puramente lo que es. Puedes imaginar que es una lámpara, ya que entiendes lo que es una lámpara. Eso puede serte ahora de ayuda para expandir tu mente, para darte la confortación y seguridad de que no estás perdido en este mundo, de que tu vida no ha sido desperdiciada en cosas desafortunadas o sin sentido, de que un Poder Mayor te espera una vez que estés listo para que se te acerque.

Sin la Lámpara, las personas intentan tener todas las cosas de valor, incluso cosas que son nobles, incluso cosas sobre las que se predica en los grandes sermones y discursos de la religión —la verdad, la lealtad, el amor, el altruismo, el coraje, la devoción, el perdón y todo lo que se asocia con esto, cosas que mucha gente tiene en muy alta estima en todas las tradiciones de fe. Pero sin la Lámpara, tú no tienes realmente la fuerza para lograr y sostener tales cosas de una manera honesta y efectiva. Porque no puedes pretender tener estas cualidades, pues eso sin duda te fallará en tiempos de presión o desafío. Pero aquello que vive dentro de ti encarna estas cosas y es la fuente de su verdadera expresión. Tú no puedes fabricarlas o crearlas al margen de esto, de lo contrario ello es realmente más imaginación, como ves. No es el centro de tu vida. No es el manantial de tu Ser. No tiene dentro el poder del Cielo.

La Lámpara es como el gran roble en la ladera de la montaña que lo resiste todo —cualquier tiempo meteorológico, el clima, catástrofes—. Pero es incluso mayor que eso, pues el roble algún día morirá. Algún día sucumbirá a algo —superado por el entorno, por la enfermedad o por la vejez—. Pero la Lámpara nunca envejece. No puede extinguirse.

Esta debe ser entonces tu fundación. Es más que una idea o una imagen. Es una experiencia que resuena dentro de ti. Con esto puedes enfrentar las Grandes Olas de cambio y ser dirigido en cómo prepararte, en cómo crear estabilidad no solo para ti y tus seres queridos, sino siendo una fuente de fuerza y dirección para otros. Con esto puedes enfrentar un universo lleno de vida inteligente y recibir la Revelación de Dios, la cual por primera vez en la historia revela cómo es realmente la vida en vuestra parte del universo, así como lo que debéis saber para poder prepararos para ella y entender.

Con esto, verás los límites de tus propias ideas o tus creencias fijas, y verás con gran claridad cómo otros están muy profundamente asociados con estas cosas, cosas bajo las que no hay verdadera fuerza o poder. No hay fundación. Tú verás muchas cosas con compasión. Verás el Conocimiento en otros. Verás la necesidad del Conocimiento en todas partes. Y todas Nuestras palabras tendrán al fin un perfecto sentido para ti, porque verás que son verdaderas en todas partes.

Dios ha provisto los Pasos al Conocimiento para traerte a la Lámpara. Ella te está esperando. Ella se volverá una relación muy importante, porque todas las relaciones en la vida han de cumplir ciertas cosas. Tu relación con el camino ha de lograr ciertas cosas. Dios sabe que sin la Lámpara no tendrás la fuerza o la claridad para entender y proceder. Te perderás en el mundo, víctima de las circunstancias, víctima de tus propias decisiones insensatas o de las decisiones insensatas de otros, atrapado como si estuvieras en una inundación, subiendo y bajando con las tormentas sobre el mar, en tu pequeña balsa.

Este no es tu propósito y tu destino. No has venido para esto. Pero para superar estas cosas necesitarás esta mayor fuerza. Necesitarás tu conexión con el Cielo. Seas de cualquier tradición de fe o no lo seas, es todo lo mismo. Es así porque la Lámpara está dentro de ti. Eso es lo más importante.

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